lunes, octubre 16, 2017

EL INQUIETANTE ENCANTO DE LAS GRÚAS DE GDANSK




Bien amigos, ayer regresé de mi viaje a Gdansk, -la ciudad polaca antes conocida por Danzig-, como bien sabéis los que seguís mi Página Oficial de Facebook.

De ese viaje saldrá un reportaje para la revista La Aventura de la Historia, ya que allí hay algunas cosas que resultan de mucho interés para los apasionados por la Segunda Guerra Mundial. Os diré que fui con altas expectativas, que se han cubierto totalmente e incluso se han superado. Ya tendréis ocasión de comprobarlo en las entradas que le dedicaré a este viaje.

Pero resulta que tengo que escribir el artículo esta semana, a lo que se suma que he de hacer unas correcciones urgentes para el nuevo libro que saldrá en enero, así que, de momento, no voy a tener tiempo. Pero no quiero dejar pasar la oportunidad de subir una especie de preludio, que es esta entrada con título de novela (si alguien lo quiere, hablamos de los derechos).

Como también sabéis, Gdansk es famosa por sus astilleros, de los que surgió el sindicato Solidaridad liderado por Lech Wałęsa, y en cualquier astillero que se precie de ello hay grúas.






Pues estas son las grúas de Gdansk. No sé por qué, pero me resultaron inquietantes. Quizás me vinieron a la mente los aliens de La guerra de los mundos o Starship Troopers.




La cuestión es que las consideré merecedoras de inmortalizarlas con mi cámara Sony NEX-6 y un objetivo Olympus 40-150 mm, y compartirlas ahora con vosotros.



















En ese desasosegante mundo dominado por las grúas se coló este galeón pirata... en una próxima entrega sabréis qué pintaba allí.




Para acabar, esta imagen que demuestra que cualquier tiempo pasado fue mejor, al menos en los astilleros de Gdansk.




Por último, en mi labor de apoyo a mis compatriotas que, por esos designios de la vida, se ven abocados también a juntar letras, me hago eco del nuevo libro de un autor al que no tengo el gusto de conocer, pero que me ha pedido amablemente que lo dé a conocer en el blog.

Su nombre es Arcadio Rodríguez y su libro se titula Pequeña historia de Treblinka (Editorial Círculo Rojo).



Dicho queda, Arcadio, ¡mucha suerte con tu obra!


lunes, octubre 09, 2017

FERNANDO PAZ, HISTORIADOR: "FRANCO SIRVIÓ, DE FACTO, LOS INTERESES DE LOS ALIADOS MÁS QUE LOS DE ALEMANIA"




Bien, amigos, ya estoy preparando la escapada que voy a hacer este Puente del Pilar -no os voy a decepcionar, tengo algo interesante entre manos-, pero vamos con una interesante entrevista al historiador Fernando Paz, que nos presenta su libro LA NEUTRALIDAD DE FRANCO. ESPAÑA DURANTE LOS AÑOS INCIERTOS DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL (1939-1943), publicado por Ediciones Encuentro.



Este es un tema que, hasta ahora, no me parecía de los más apasionantes de la guerra. Sin embargo, la lectura de este libro me ha hecho verlo de otra manera, sobre todo porque argumenta de manera convincente alguna que otra conclusión que nos puede sorprender.


¿Cómo surgió la idea de escribir un libro sobre el tema de la neutralidad española en la Segunda Guerra Mundial? ¿No lo consideraba un tema suficientemente tratado por los historiadores como para poder aportar algo nuevo?

En cuanto a lo primero, la verdad es que este libro comenzó como prólogo a un trabajo sobre las relaciones de España y los judíos durante la IIGM. Un prólogo que se desbordó hasta alcanzar vida propia.

Al recabar información en los archivos acerca de ese tema, me fui encontrando con una abundante documentación acerca de las relaciones exteriores de España durante la IIGM y el mantenimiento de la neutralidad. Me sorprendió la abundancia de las fuentes, tanto británicas como alemanas, francesas, italianas, estadounidenses y españolas -y más aún la interpretación que de las mismas se hacía-; una abundancia que desmentía muy vívidamente la versión más oficial. Eso fue decisivo para impulsarme a escribir este libro, un libro que nadie me había encargado.

Por lo demás, un mínimo sentido de la honestidad intelectual exige que ningún tema se dé por cerrado. Aunque tienes razón en que los temas “suficientemente tratados” desalientan, nunca se ha escrito o dicho todo sobre algo, así que cualquier aportación ha de ser bienvenida. Ciertamente, si no hubiera creído que podía aportar algo no lo hubiera escrito.




Del libro se extraen conclusiones muy interesantes. Una de ellas es que, en la práctica y a pesar de las apariencias, podríamos asegurar que Franco sirvió a los intereses de los Aliados más que a los del Eje. Eso rebatiría la extendida hipótesis de que Franco deseaba entrar en la guerra del lado alemán pero que Hitler no accedió a darle el pago que exigía a cambio: las posesiones francesas en el norte de Africa. ¿Cree que fue así?

España fue importante en la IIGM entre 1940 y 1942; antes y después lo fue mucho menos. Esa época es la de la hegemonía alemana; al principio, para Berlín, España no tenía la menor importancia, aunque sí para Londres.

Es casi increíble, pero los jefes de las tres armas –tierra, mar y aire- del Reino Unido recomendaron primar las buenas relaciones con España antes que una alianza con la URSS. Estamos en mayo de 1939, mientras se está en plena pugna con los alemanes por obtener el beneplácito de Moscú.

Franco sirvió, de facto, los intereses de los Aliados más que los de Alemania. Puede que esa no fuera su intención, pero es lo que sucedió. Obviamente, su objetivo no era el de contribuir a la victoria de los Aliados, sino a la supervivencia de España en una situación muy complicada. Pero la resultante fue la que fue. En un discurso en la Cámara de los Comunes en mayo de 1944 –en vísperas de Overlord- Churchill lo reconoció abiertamente.

En cuanto a que Franco no pudo entrar en guerra porque Hitler no quiso pagar el precio de Marruecos, es cosa que no se sostiene. En primer lugar, Franco no quiso entrar en guerra, y toda su estrategia se basaba en evitar esa eventualidad. Es posible, pero ni siquiera es seguro, que si la Wehrmacht hubiera desembarcado en Gran Bretaña y los italianos tomado Suez, entonces España hubiera atacado Gibraltar, precipitando así su entrada en la guerra. Esa postura, como es lógico, desesperaba a Ribbentrop.

Pero que España no tenía intención ninguna de combatir contra Gran Bretaña lo demuestra mejor que nada el hecho de que, desde el verano de 1940, es decir "en la hora más oscura" del Reino Unido, España puso su economía en manos de Londres quien, como es natural, hizo buen uso de esa circunstancia. Alguien que está esperando la ocasión de entrar en guerra no pone su supervivencia en manos de aquél a quien va a atacar.

La dependencia económica de Gran Bretaña se fue incrementando mes a mes, y a ella hay que añadir la de los Estados Unidos; sencillamente, entrar en la guerra no era una opción.

Por lo demás, Franco sabía bien que Marruecos no valía una guerra, y así consta en nota manuscrita del propio Franco. España aseguró solemnemente a Francia que no caería traicioneramente sobre sus colonias, pero también que si se producía un reparto del imperio francés, Madrid era la primera en la cola para Marruecos. Esa era la postura española, y nunca se movió de ahí.

Es igualmente cierto que, después de la defensa francesa de Dakar, Hitler pasó a confiar en que los franceses de Vichy defenderían eficaz y convincentemente su imperio y, por tanto, no convenía satisfacer a italianos y españoles entregándoles algunas de sus colonias ya que, de otro modo, sus posesiones se pasarían a De Gaulle.




Un aspecto que no me ha quedado claro es el papel que jugó Serrano Suñer (a la izquierda, en la foto superior, junto a Franco y Mussolini). Aunque yo tenía la idea de que era un germanófilo que deseaba la entrada de España en la guerra, del libro se desprende que no fue así.

Serrano Suñer era, en efecto, germanófilo; eso me parece indiscutible. Deseaba, y estaba convencido, de la victoria alemana. La inmensa mayor parte de la gente en todo el mundo compartía esa convicción. Sobre todo en el verano de 1940, después de la caída de Francia.

Pero, en realidad, más que germanófilo, Serrano admiraba y quería a Italia; era mucho más cercano al fascismo y a Mussolini que a Alemania y a Hitler.

En esos años, Alemania suscitaba una enorme admiración en amplios sectores de la opinión pública europea, y eso era lo que sentía Serrano. Pero, en septiembre de 1940, esa admiración, si no se evaporó, al menos se enfrió: los alemanes trataron a los enviados españoles que acudieron a Berlín como subalternos en lugar de como camaradas, y Serrano se puso furioso. Después de ese episodio en varias ocasiones abroncó al embajador español en la capital del Reich, Espinosa de los Monteros, por mostrarse obsequioso con ellos.

Siguió, naturalmente, convencido de que el Eje iba a ganar la guerra, pero la propia magnitud de los triunfos de Hitler, le inquietó; por más que se simpatice con otra potencia, nadie desea que esta sea fuerte en exceso, sobre todo si se convierte en vecina de uno. Serrano se convenció de que el interés de España radicaba en mantenerse neutral, aunque siempre estuvo atento a la evolución de la situación. Al contrario que Franco, pensaba que bien podía presentarse la necesidad de intervenir en la guerra; Franco era, en esto, más escéptico.


Me ha parecido muy interesante el magistral dominio de los tiempos que poseía Franco. Utilizaba ese factor a menudo y de manera muy efectiva, por ejemplo retrasando las respuestas que debía dar a los requerimientos germanos, o aplazando reuniones y encuentros.


Franco gozó siempre de muy buena información y, como los propios responsables de exteriores admitieron, era el único en cuyas manos se reunían todos los hilos; los demás solo conocían parcialidades de la situación.

En sus relaciones con Hitler utilizó la táctica de la dilación permanente; él sabía que para Hitler contaba mucho el tiempo. Durante 1940 y 1941, en varias ocasiones, pensó que no podría retrasar más el compromiso de entrar en guerra: los alemanes le iban a obligar a hacerlo. Siempre ponía la excusa de la falta de preparación militar y económica española y alegaba que necesitaba más tiempo, también para preparar a la opinión pública. Las excusas eran tanto más creíbles cuanto que tenían un notable aire de realidad; la situación en España era en verdad muy mala.

El propio ejército había informado a Franco que España no estaría en condiciones de entrar en una guerra hasta ¡¡1950!! Si a eso le sumamos el estado de la economía y la dependencia de los Aliados, estaba claro que Franco no podía hacer más que lo que hizo; otra cosa es que tuviera la habilidad suficiente para conseguirlo. Hay que admitir que desenvolvió con notable pericia y también, claro, que tuvo suerte.




También me ha resultado enormemente interesante la certera visión estratégica que tenía Franco de la Segunda Guerra Mundial. Cuando en 1940 todos creían que la victoria alemana estaba cerca, Franco ya anticipaba la entrada en guerra de Estados Unidos y la influencia decisiva que tendría en el curso de la contienda. También comenzó a alejarse de manera clara de Alemania en el verano de 1942, cuando el Eje estaba en su punto máximo de expansión, anticipándose al punto de inflexión que se produciría a finales de ese año. ¿A qué cree que se debía esa clarividencia?¿Se basaba en un estudio pormenorizado de la situación o se trataba únicamente de intuición?


A lo largo de la guerra, seguramente Franco modificó sus puntos de vista en varias ocasiones, pero nunca de forma radical. El que no estuviera seguro de la victoria alemana no quiere decir que previera su derrota, que no fue el desenlace más probable para un observador sino hasta 1944; todavía en 1943 era más que razonable pensar que ningún bando vencería al otro.

Pero, en efecto, ya en 1940, Franco sostenía que estando Gran Bretaña de por medio, una victoria total alemana era dudosa. Pero aún sin la victoria total, el Reich podía dominar el continente europeo, que lógicamente era lo que a Franco inquietaba.

Estaba seguro de que Gran Bretaña nunca se rendiría, y así se lo insinuó a Hitler ya en Hendaya. Y también previó, en efecto, la entrada de los Estados Unidos en la guerra. Por otro lado, contaba con excelente información, y el propio Canaris le había asegurado que la Wehrmacht nunca desembarcaría en las islas británicas.

Además de la información, Franco era muy prudente y desplegó un peculiar tipo de estrategia que, en cierto momento, desvelaría Carceller a los estadounidenses: Franco concedía de palabra lo que no estaba dispuesto a conceder en la realidad. Muchos historiadores sostienen que los discursos de Franco muestran su beligerancia pro-Éje, pero la verdad está mucho más cerca de las palabras de Carceller: para Franco, el discurso no era el prólogo a la intervención, sino su sustitutivo. Palabras y protestas de lealtad en lugar de hechos, protestas de lealtad y camaradería en lugar de divisiones.

Desde finales de 1940, como muestra la correspondencia de Hitler con Mussolini, los alemanes sabían que Franco no tenía la menor intención de entrar en guerra. Las presiones que continuaron ejerciendo sobre España las hicieron con notable desgana, hasta que muy a principios de 1941 cambiaron de táctica.



Un punto que me ha llamado la atención es la teoría de las “tres guerras” defendida por Franco. La guerra entre Alemania y la URSS, en la que España era aliada de Alemania (en la imagen superior, la División Azul), la guerra europea, en la que era neutral, y la del Pacífico, en la que apoyaba a Estados Unidos.

Ese era el punto de vista de Franco, ciertamente. No se trataba de un recurso argumental; Franco, anticomunista decidido, sostenía que la guerra entre los occidentales y los alemanes sólo aprovecharía a los soviéticos.

Ese era también el punto de vista de Stalin, quien maniobró hábilmente –apoyando al Reich en lugar de los Aliados en 1939- para provocar esa guerra y caer más tarde sobre una Europa exhausta. La jugada le salió mal porque Alemania derrotó a sus enemigos en semanas, y toda su estrategia se vino abajo. No habría guerra de desgaste en el Oeste.

En la titánica lucha que mantenían germanos y soviéticos Franco no era neutral, pero tampoco se lanzó con insensatez a la guerra. Su postura la definió perfectamente aquella sentencia de Serrano: España era “beligerante moral.”

En cuanto al Pacífico, España mantenía una neutralidad benevolente para con los Aliados.

La teoría de las tres guerras, siendo reflejo cierto de la situación, tenía la función política evidente de equilibrar la postura de España. Franco intentaba que la neutralidad que había observado frente a los Aliados -y que había beneficiado a estos- pesara más que la intervención limitada en el Frente del Este.


Su libro trata el período decisivo que va de 1939 a 1943. Así pues, queda fuera el saber si esa colaboración de Franco con los Aliados tuvo mucho peso en el hecho de que los vencedores no forzasen un cambio de régimen tras la derrota germana. Si Franco hubiera estado más comprometido con el Eje, ¿cree que podría haber sucedido?

El que Franco sobreviviera a la derrota del Eje se debe a varios factores. Frecuentemente se alude a que la guerra fría hizo de Franco un aliado conveniente, y sin duda eso fue así; pero podían haber liquidado a Franco antes, en 1944-45, y no lo hicieron. Eso hay que explicarlo, aunque muchos historiadores lo evitan.

La izquierda francesa y británica sin duda consideró que la España de Franco debía sucumbir. Pero los sectores más moderados no lo veían de ese modo; Franco podía haber hecho mucho daño a los Aliados, pero no lo hizo, vino a decir Churchill. Consideraba que, con independencia de su ideología, había resultado muy útil a la causa aliada.

Si verdaderamente Franco hubiera tenido la identificación con el Eje que algunos le achacan, habrían acabado con él al precio que fuese. El hecho de que no lo hicieran fue, sin duda, un tributo a su postura durante la guerra.



Por último, la cuestión, a mi juicio, más importante. No se le puede negar a Franco su habilidad para mantener a España fuera de la guerra, sorteando hábilmente situaciones enormemente comprometidas, como va desgranando en su libro. Mi duda es si ese propósito era para ahorrar a la población española los padecimientos de un nuevo conflicto o como mera estrategia de supervivencia política.


Siempre es difícil juzgar las intenciones de las personas, pero lo más probable es que fuesen las dos cosas al mismo tiempo.

Para Franco salvar el régimen y salvar España eran una misma cosa. Pero desde luego la intención era que España quedase fuera de la guerra. Una guerra civil ya había sido bastante; era plenamente consciente de lo que España necesitaba la reconstrucción. Los argumentos que esgrimía ante los alemanes una y otra vez no eran falsos; los propios alemanes reconocieron su verosimilitud.


Su insistencia en la necesidad de que España tuviese un tiempo de reconstrucción era continua. Alemanes e italianos estaban de acuerdo, pero mientras Franco estimaba esa reconstrucción en términos de años, los otros pensaban en semanas, meses todo lo más. Ya en las notas del argumentario que Franco llevó a Hendaya figura esa idea; Italia había tenido mucho tiempo de preparación y se había industrializado convenientemente, por lo que podía abordar la guerra con garantías. España necesitaba tiempo.

Mussolini, a quien un desesperado Hitler terminó encomendando a fines de 1940 que convenciese a Franco de entrar en la guerra, le llegó a argumentar que la beligerancia solucionaría sus problemas económicos, sugiriendo que la ayuda alemana sería decisiva si determinaba ponerse de su lado. Lo cual no era cierto de ningún modo, y Franco no mordió el anzuelo.

En los seres humanos frecuentemente unos motivos y otros se superponen y entrelazan. El caso de Franco no creo que sea distinto.




jueves, septiembre 21, 2017

¿SABÍAS QUE MUSSOLINI TENÍA UN "BERGHOF" EN LA ISLA DE RODAS?




Bien, amigos, retomo el blog en este mes de septiembre intenso como no recuerdo nunca...

Como ya sabéis, cuando llegué de mi viaje tuve que acabar y entregar el manuscrito de mi próximo libro, que está previsto que salga a la venta en noviembre. Como la editorial aún no ha dado a conocer el título, de momento no voy a adelantar nada. Pero no os preocupéis, ya me pondré pesado con él.

También he estado liado con unos artículos que tenía que entregar para una revista de historia, que irán saliendo próximamente.

De momento, este mes tenéis en los kioskos un número de septiembre de la revista MUY HISTORIA titulado ¿HÉROES O LOCOS? KAMIKAZES Y OTRAS MISIONES SUICIDAS DE LA II GUERRA MUNDIAL.



En sus páginas podréis encontrar una entrevista que me han hecho para hablar de esas operaciones suicidas, así como dos artículos míos, uno de dedicado a la batalla del agua pesada y otro al raid de Alejandría que llevaron a cabo los italianos.




Más cosas. También tenía previsto acudir a la III Memorial March en Albentosa (Teruel), que se celebró este pasado fin de semana. Yo tenía pensado hacer allí mi debut en el mundo de recreación; para ello me había comprado el equipo completo de corresponsal de guerra de Associated Pres y lo tenía todo preparado...

Hasta fui al "Rastro" de aquí de Barcelona -los Encantes- y le compré a un moro por 20 euros una Lubitel 2, una cámara rusa de los años cincuenta, copia de la Voigtländer Brillant de los años treinta.




Pero en el último momento, por causa de fuerza mayor, tuve que anular el viaje, qué se le va a hacer... Mi debut tendrá que esperar para otra ocasión.

Ya miraré a ver cómo lo planteo, pero no estaría mal crear un grupo informal de recreación de corresponsales civiles. Hay ya uno de militares, del Signal Corps, pero de civiles no me consta. De momento estoy tratando de engañar a un par de amigos para que se sumen; si hay alguien al que le hace gracia la idea, que me diga algo.

Y ya he comenzado a escribir mi nuevo libro, para una editorial que hace años que quiere publicar una obra mía. Ahora ha llegado el momento; supongo que se publicará en primavera del año que viene.

Por último, mi amigo profesor y escritor de volúmenes de cine Marco da Costa me ha mandado unas fotos de un interesante sitio que ha visitado en la isla de Rodas. Allí se encuentra el que debía de haber sido el lugar de retiro de Mussolini tras la guerra, su "Berghof".

Rodas pertenecía a Italia desde 1912. Allí, el conde Cesare de Vecchi, gobernador de las islas del Dodecaneso y amigo de Mussolini, hizo construir una lujosa villa, para que el Duce pasara allí su jubilación tras proporcionar a Italia sus previstas glorias imperiales.



Como ya sabéis, las cosas no salieron exactamente como estaban planeadas. Ni siquiera el dictador llegó a poner el pie en la isla. Pero la villa sigue en pie, aunque en unas condiciones penosas. Se ve que el estado griego tiene previsto alquilarla para reducir su deuda.

Aquí tenéis el resto de fotos que me ha remitido Marco da Costa:






Y ahora admirad las extraordinarias vistas que tiene la casa:



La similitud con el Beghof es evidente; mientras que desde la casa alpina de Hitler se podía admirar el Obersalzberg, en esta se puede disfrutar de la visión del Mediterráneo.

Pues bien, si no sabíais que Mussolini tenía previsto retirarse ahí, no os preocupéis porque yo tampoco lo sabía. Lo que más me gusta de la Segunda Guerra Mundial es que siempre se aprende algo nuevo.

miércoles, septiembre 06, 2017

PERO... ¿ES QUE HAY COSAS DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL EN PERNAMBUCO?




Hola amigos de nuevo, después del paréntesis veraniego. Aunque hace ya unos días que me he reincorporado, creedme si os digo que hasta hoy no he podido ponerme con el blog...

En cuanto llegué tenía que ponerme con las últimas pinceladas de mi próximo libro -previsto para noviembre-, que pude enviar a la editorial el domingo por la noche después de pasarme enclaustrado todo el fin de semana. Y después me he tenido que poner con una serie de artículos que tenía que entregar para ayer... Hoy parece que puedo respirar un poco, así que vamos allá.

Como ya sabéis, este verano me he pasado por Pernambuco, ese lugar que, los que tenemos una edad, conocemos por Mortadelo y Filemón, ya que era el lugar remoto al que huían cuando cometían alguna trastada. Creo que todos nos sorprendimos cuando supimos que ese lugar existe (igual alguno se ha enterado ahora).




Pues sí, Pernambuco es un estado del nordeste de Brasil, cuya capital es Recife. Tengo previsto dedicar una entrada meramente turística a esta ciudad, ya que es la que, hasta ahora, más me ha gustado de todas las que he visitado en ese país, más que Río o Salvador de Bahía, por ejemplo.

Pero hoy vamos con lo que supongo que os interesa más, la Segunda Guerra Mundial. Pues sí, aunque pueda sorprender, en Recife se pueden encontrar algunos vestigios interesantes de ese período.

Haciendo un poco de historia, tenéis que saber que en los años cuarenta Brasil estaba gobernado por un dictador, Getúlio Vargas, que simpatizaba con el Eje y mandaba felicitaciones de cumpleaños a Hitler. Sin embargo, haciendo gala de esa rara habilidad que tienen los dictadores para sobrevivir, apostó por los Aliados. En agosto de 1942 declaró la guerra al Eje y se echó en brazos de los norteamericanos, quienes ya habían estado trabajándose su voluntad con importantes aportaciones económicas.

Total, que los norteamericanos pasaron a utilizar la estratégica geografía brasileña para controlar las rutas aéreas entre América y Africa, fundamentales para el éxito del desembarco en el norte de Africa de noviembre de 1942. También desde ahí los aviones patrullaban el Atlántico en busca de submarinos. Además, las ciudades del nordeste servían de idóneo lugar de descanso para los oficiales.

Así que Recife se convertiría en la sede del cuartel general de la IV Flota norteamericana, encargada de la zona del Atlántico sur y el Caribe. Yo había investigado el emplazamiento de este cuartel general y descubrí el lugar aproximado, pero sólo contaba con esta imprecisa foto sacada de un blog:


Así que, una vez allí, tuve que indagar en estos edificios:



Al final pude identificarlo gracias a una placa que hay en el vestíbulo. El edificio es este:



Y ésta es la placa, que está junto a unos ascensores.



Me miraban un poco extrañados al ver el interés que mostraba por esa placa... La podéis ver ahí debajo de la U y la L.



Como veis, ahora el edificio acoge un centro educativo.



Como curiosidad, en los porches de esa calle se pueden ver los únicos limpiabotas de la ciudad. El motivo es que, durante la presencia norteamericana, era habitual que los militares destinados en el cuartel general se lustrasen allí las botas, convirtiéndose así en el punto tradicional de esta actividad.




Visto el cuartel general de la IV Flota, vamos con un pequeño museo que se encuentra en este fuerte del tiempo del dominio holandés, el llamado Forte de São Joao Batista do Brum o, simplemente, Fuerte Brum.




Estas instalaciones pertenecen al ejército, por lo que la visita tiene que ser guiada (el precio creo que era un euro y medio por persona). El guía era un soldado destinado allí que, por cierto, hizo muy bien su trabajo.

En el fuerte hay varias salas de exposición dedicadas a diferentes episodios de la interesante historia pernambucana, pero vamos con la dedicada a la Segunda Guerra Mundial.



En uniforme que lucen los maniquíes es el de la Fuerza Expedicionaria Brasileña, que combatió en el frente italiano a partir del otoño de 1944 y hasta el final de la contienda.



Aunque la aportación brasileña es ignorada por la mayoría de historiadores, la verdad es que su actuación fue sobresaliente. Por ejemplo, en pleno invierno, los alemanes atacaron por su sector pensando que sería más débil que el defendido por los norteamericanos, pero se equivocaron. Al final desistieron de seguir intentándolo por allí. La batalla más importante que libraron fue la de Monte Castello, que duró tres meses.

Aquí tenéis armas recopiladas en el frente por las tropas brasileñas.








Por último, vamos con este histórico restaurante de Recife, el Leite. Este era el lugar al que solían acudir los soldados y oficiales norteamericanos.




Como habéis visto en la placa, fue fundado en 1882.




Acudí allí por la mañana y me encontré que estaba cerrado. Llamé igualmente a la puerta y el encargado, un señor llamado Jairo, haciendo gala de la proverbial amabilidad brasileña, me permitió entrar para hacer fotos. Incluso encendió todas las luces para que quedaran mejor.




Leí en algún sitio que, durante la guerra, entró un general en el restaurante para cenar, pero todas las mesas estaban ocupadas por soldados. A un brasileño le sorprendió mucho que ningún soldado se levantase para cederle su sitio al general, y así se lo comentó a un soldado, pero éste le dijo que allí todos eran iguales, sin distinciones de rango.




La sala del restaurante conserva el sabor de las historias que tienen que haber sucedido entre esas paredes.



Pues, como veis, hasta en Pernambuco podéis encontrar cosas de la Segunda Guerra Mundial, sólo hay que buscar un poco...