martes, marzo 21, 2017

LA MASACRE DE KHAIBAKH: CUANDO LOS SOVIÉTICOS PRENDIERON FUEGO A UN ESTABLO CON 702 CHECHENOS DENTRO



Bien, amigos. Ya sabéis que cuando tardo en subir una entrada es porque estoy bastante liado, y así es. Estoy ultimando el libro que debe salir en otoño.

Pues en este libro voy a dedicar un capítulo a una masacre poco conocida. Seguramente a la mayoría de vosotros no os sonará de nada el nombre de Khaibakh, y es normal.

Pero comencemos por el principio...

Como sabéis, aprovechando el río revuelto de la Segunda Guerra Mundial, Stalin puso en práctica una política de redistribución étnica de la Unión Soviética, lo que traducido quiere decir que inició una vasta política de deportaciones. El pueblo que sería el triste protagonista de la matanza de Khaibakh sería el checheno, quien junto a ingusetios, karachais, calmucos y balkarios sería deportado en masa a Asia Central y Siberia a principios de 1944.

El encargado de la operación sería nuestro viejo conocido Lavrenti Beria, el jefe de la policía política del régimen soviético, el NKVD.

Beria debía completarla en apenas unos días; para ello, además de con el personal de su siniestra organización, contaría con la colaboración del Ejército Rojo, indispensable para coordinar semejante movimiento de población en tan cortísimo espacio de tiempo. Se calculó que la ejecución del plan iba a costar unos 150 millones de rublos, el coste de unos setecientos tanques T-34.

La operación se lanzó el 23 de febrero de 1944, el mismo día que se celebraba el Día del Ejército Rojo. Para participar de los actos, todos los hombres chechenos fueron convocados a las sede del soviet local de sus respectivas poblaciones.

Todos los hombres acudieron voluntariamente, sin sospechar nada. Una vez concentrados en las sedes, se les comunicó que estaban acusados de traición y colaboracionismo con los alemanes, y que serían deportados. A sus familias se les permitió coger lo indispensable para un viaje "de dos días".



Cerca de medio millón de chechenos se vieron obligados a dejar sus hogares y dirigirse a un destino incierto, en Siberia, Kazajistán, Uzbekistán y Kirguistán. En total, se emplearon 180 trenes especiales en la operación. No se les proporcionaría comida ni agua, por lo que tuvieron que sobrevivir con los víveres que habían cogido al salir de casa. A los pocos días, ya no les quedaba nada de comer. Cuando el tren hacía una parada, se les permitía bajar a recoger nieve y así poder beber. El trágico trayecto, que duraría varias semanas o un mes, se cobraría decenas de miles de víctimas.

Los que iban muriendo por el camino ni siquiera pudieron ser enterrados por sus familiares; para no perder tiempo, los soldados arrojaban los cadáveres al lado de las vías del tren. Con el fin de evitar ese denigrante final, muchos familiares preferían disimular dentro del vagón los cuerpos sin vida de sus seres queridos, escapando así de las inspecciones regulares de los soldados, para poder proporcionarles un entierro digno al llegar al destino.




La expulsión de aquellos que vivían en las regiones montañosas de difícil acceso tendría que esperar unos días más. Al ser pleno invierno, la nieve obstaculizaba los caminos, por lo que no le resultaría fácil a los soviéticos desplazarse hasta allí. La operación en la región de Galanchozh había quedado bajo el mando del general Mijail Maksimovich Gvishiani.

El 27 de febrero de 1944, las tropas soviéticas llegaron a la aldea de Khaibakh y obligaron a todos sus habitantes a salir de sus casas y reunirse en la plaza. A pesar de que entonces estaba cayendo una copiosa nevada, a los que eran capaces de caminar varios kilómetros sobre la nieve se les ordenó que se pusieran en marcha para dirigirse a la estación de ferrocarril más próxima. El problema para el general Gvishiani era trasladar al resto, un total de 702 personas, entre las que había mujeres con niños pequeños -incluyendo dos recién nacidos-, enfermos, inválidos y ancianos. Era impensable poner a caminar decenas de kilómetros a ese contingente, o esperar a que mejorase el tiempo.

Pero las órdenes recibidas desde Moscú eran precisas y tajantes; había que vaciar la región de chechenos, y de manera inmediata. Según una consigna verbal de Beria, los chechenos “no transportables” debían ser liquidados en el mismo lugar. Seguramente, el temor a quedar en el punto de mira de Moscú en el caso de fracasar en su misión llevó al obediente general a apostar por la opción más drástica.



Gvishiani ordenó llevar a aquellas personas a un enorme establo que había a las afueras de la aldea, amontonar alrededor heno seco y empaparlo con gasolina. Se emplazaron ametralladoras frente a la puerta.

Uno de los soldados presentes ese funesto día en Khaibakh, Dziyaudin Malsagov, recordaría años más tarde lo que ocurrió a continuación:

"Cerramos el establo y luego le pegamos fuego. Se escuchaban gritos desesperados de mujeres y niños. La gente consiguió echar la puerta abajo. Entonces recibimos la orden de disparar con ametralladoras a los que intentaban salir, de manera que la puerta se quedó bloqueada por sus cadáveres y los demás murieron quemados vivos".



La noticia del horrendo crimen comenzó a correr por los pueblos del resto de la región; de los que todavía no habían recibido la visita de los soldados soviéticos partieron grupos de lugareños para comprobar si era cierto.

Uno de los hombres que acudió a Khaibakh fue Saydkhasan Ampukayev, cuyo testimonio nos acerca el horror que se vivió allí:

“Escuché que habían quemado gente viva en Khaibakh. Aunque estaba un poco lejos de nuestra aldea, al otro lado de la montaña, fui hacia allí con varios vecinos. En el pueblo no quedaba nadie con vida. Cuando llegamos allí, vi algo que no puede describirse con palabras. Había visto muchas cosas a lo largo de mi vida, pero aquello era increíble. La gente estaba totalmente quemada. El techo del establo se había desplomado sobre aquellos cuerpos. Podías ver cráneos quemados y rotos, trozos de cuerpos..."

"Al principio no queríamos moverlos -continúa Ampukayev-, pero pronto decidimos que había que sacar los cadáveres. Improvisamos una camilla y comenzamos a sacarlos de allí. Recogimos fragmentos de piernas, cabezas y otras partes, no había ningún cuerpo completo. Reconocimos a un hombre llamado Tutu Gayev; su cara y su barba eran reconocibles, pero su cuerpo estaba totalmente quemado. Sacamos todos los restos y los llevamos hasta un riachuelo cercano. Allí cavamos una zanja y comenzamos a enterrarlos. Tuvimos que abrir tres zanjas más. Nos llevó tres días enterrar todos los cadáveres”.



Aquí tenéis una reconstrucción cinematográfica de lo que ocurrió aquel día:





Aunque en el video dice que la fecha de la masacre fue el 23 de febrero, en todas las fuentes aparece el día 27.


Aquí tenéis otro video que conmemora la matanza de Khaibakh, en el que aparece la fecha correcta:





El éxito de Gvishiani en su misión le llevó a ser felicitado personalmente por Beria. A su vez, Beria recibiría los correspondientes parabienes de Stalin cuando presentó su informe el 29 de febrero, en el que le comunicaba que la totalidad del pueblo checheno había sido deportado en apenas una semana.

La historia completa de la masacre de Khaibakh, así como de la deportación chechena -que se prolongaría hasta 1957-, la podréis encontrar en mi próximo libro, aunque para leerla tendréis que esperar todavía un poco...

jueves, marzo 09, 2017

VISITA AL BÚNKER SOVIÉTICO DE BARCELONA




Bien, amigos, vamos hoy con el relato de mi visita del pasado martes a un lugar que pocos barceloneses conocen: un búnker soviético en el número 17 de la Avenida Tibidabo. Tuve la suerte de hacer la visita en compañía del investigador histórico Pere Cardona, del blog Historias de la Segunda Guerra Mundial, y el escritor José Luis Caballero.

Los que conocéis la Ciudad Condal sabréis que esta calle está situada en la falda de la montaña del Tibidabo, y tiene a sus lados una serie de mansiones, construidas por la alta burguesía a principios del siglo XX. Una de estas casas es la del famoso Doctor Salvador Andreu, el farmacéutico que creó las populares Pastillas del Dr. Andreu. Fue construida en 1926 por el arquitecto modernista Enric Sagnier, tenía tres plantas, 800 metros cuadrados, caballerizas y dependencias para la servidumbre, así como un gran salón con columnas de mármol de carrara.

Aquí la tenéis en una foto que le hice:





En 1928, al fallecer el Doctor Andreu, la casa pasó a su hijo, quien la disfrutó plácidamente hasta que estalló la guerra civil, cuando fue nacionalizada por las autoridades republicanas, así que los Andreu tuvieron que marcharse.

La casa se convirtió en la sede del consulado soviético en Barcelona, que hasta entonces había estado emplazado en una habitación del hotel Majestic, en el Paseo de Gracia. Aquí tenéis el cartel, que se conserva en la antesala del búnker:




Al frente de la flamante legación diplomática estaría Vladimir Antonov Ovseenko, un veterano dirigente comunista que había dirigido la toma del Palacio de Invierno. Stalin le había perdonado el haber sido el hombre de confianza de su odiado Trotsky. Para sorpresa de los Andreu, los nuevos inquilinos mantuvieron a los criados y mostraron un especial cuidado en la conservación de la biblioteca, los muebles y los objetos de arte.

Desde el consulado, Ovseenko organizó la llegada de armamento soviético, pero también la de ayuda alimentaria; el primer barco cargado con carne en conserva y leche condensada, el Zirianin, llegó el 15 de octubre de 1936, siendo recibido en el puerto por una masa entusiasta, una euforia compartida por el cónsul, que cada día se sentía más integrado en la ciudad. Incluso aprendió a hablar catalán.

Pero Stalin había encomentado a Ovseenko otra misión más oscura, la de neutralizar a las fuerzas políticas que suponían un obstáculo al dominio soviético, como eran los anarquistas y los trotskistas del POUM. Así, el 15 de junio de 1937, en aquella casa pernoctaron los agentes soviéticos que al día siguiente detuvieron al líder del POUM, Andreu Nin, quien sería después torturado y asesinado.

Construcción del refugio


Pasados los primeros meses de optimismo y fervor revolucionario, la guerra adquirió un tinte cada vez más sombrío. Las victorias militares no llegaban y, además, Barcelona se veía amenazada por la aviación italiana. Para proteger al cuerpo diplomático de los bombardeos, se decidió la construcción de un refugio en el sótano del edificio. Los planos del mismo no se han hallado, por lo que no sabemos si fue excavado o se aprovechó una bodega preexistente.

Aunque debía cumplir funciones de refugio antiaéreo, lo que se construyó fue un auténtico búnker. Los muros de hormigón tenían 40 centímetros de espesor. La entrada estaba protegida por una pesada puerta de hierro colado que sólo podía abrirse y cerrarse desde dentro.

Aquí la podéis ver:





Fijaos en el grosor:



Tenía una salida posterior, por otra puerta blindada que también era imposible abrir desde fuera; daba directamente al jardín, y supuestamente debía usarse si la principal quedaba bloqueada por cualquier motivo.







El búnker, de apenas 50 metros cuadrados pero bien aprovechados, disponía de un generador electrógeno autónomo, dormitorios, cocina, despensa, botiquín y letrina.

Este es el pasillo:



Aquí podéis ver uno de los habitáculos:


Esta es la letrina:



Final de la guerra


No sabemos si Ovseenko llegó a utilizar el búnker en alguna ocasión, ya que en agosto de 1937 fue destituido y llamado a Moscú. Antes de partir, organizó una cena de despedida y obsequió al hijo del Doctor Andreu, con quien se había mantenido siempre en contacto, con la bandera soviética que había ondeado en el mástil del consulado. Es muy posible que Ovseenko intuyese lo que le esperaba en la capital soviética. Si era así, no se equivocaba; al llegar, lo detuvo la policía política, el NKVD. En 1938 fue juzgado, acusado de espía y trotskista, condenado a muerte y ejecutado al año siguiente. En 1956 sería rehabilitado a título póstumo.

En noviembre de 1937, el consulado alcanzaría el rango de embajada, al trasladarse el gobierno republicano de Valencia a Barcelona. El embajador soviético, Leon Gaykis, también acabaría siendo reclamado en Moscú, en donde se supone que fue una víctima más de las purgas estalinistas.

Al acabar la guerra, los Andreu encontraron la casa tal y como la habían dejado casi tres años atrás. Como curiosidad, en 1974, varios ministros del gobierno franquista de Arias Navarro cenaron allí, con el búnker soviético bajo sus pies.


Mi visita al búnker

En la actualidad, el edificio es la sede de la Mutua Universal, entidad que ha realizado un encomiable esfuerzo para proteger el búnker. Sabéis que aquí he criticado muchas veces el descuido y la falta de interés en conservar elementos históricos, como en el caso de los nidos de ametralladoras de El Prat; así que es justo reconocer el esfuerzo de esa entidad para preservar el que tienen en su edificio.

Así, el refugio se encuentra en perfecto estado de conservación. Las puertas de madera del interior son las originales. También permanece allí un cuadro eléctrico, una bujía de 1936 e incluso, lo más llamativo, unos extensores gimnásticos que, parece ser, eran utilizados por el propio Ovseenko para mantenerse en forma:




En la bien iluminada antesala del búnker se expone también la placa de la embajada (reparad en el extraño cambio de orden entre Socialistas y Soviéticas), así como la descolorida bandera soviética regalada por el cónsul.





Durante un tiempo se organizaron visitas al búnker los sábados por la mañana, pero hoy día sólo se permite el acceso a los investigadores (alguna ventaja debía tener ser historiador). Cuando estaba abierto al público se planteó la posibilidad de añadir atrezzo, pero se optó exhibir únicamente el material original allí encontrado. Apenas se ha añadido un cerrojo a la puerta con fines prácticos.

La leyenda dice que existe un pasadizo que enlaza el búnker con otra mansión controlada por los soviéticos, La Tamarita, que se encuentra a unos trescientos metros de allí.

Después de la visita al búnker, nos dirigimos a esta otra casa para tomar unas fotos:




Esta otra casa señorial, hoy sede de la Fundación Blanquerna, era utilizada como checa, es decir un centro de detención y tortura.


Si las paredes de esos sótanos hablasen...



Otro día hablaremos de las checas de Barcelona, un tema que estoy estudiando ahora y me está resultando apasionante.

Pues hasta aquí la crónica de mi visita al búnker, espero que os haya gustado.

Y como de bien nacidos es ser agradecidos, quiero dar las gracias a la Mutua Universal por las facilidades que me dieron para visitarlo, así como en especial a Jordi Pascual por su amabilidad y paciencia.




lunes, marzo 06, 2017

"DIBUJOS DESDE EL GULAG": UN ESPELUZNANTE TESTIMONIO GRÁFICO DEL INFIERNO SOVIÉTICO




Bien amigos, comenzamos semana con otra recomendación libresca, DRAWINGS FROM THE GULAG (Editorial Fuel, 2010), de Danzig Baldaev, de quien ya se habló aquí en los comentarios de una entrada anterior.

Como entonces dije, estaba a la espera de que me llegase este libro, que me ha costado nuevo sólo 16 euros en Iberlibro (lo podéis comprar AQUÍ), y que ha cumplido las altas expectativas que había puesto en él.


Aunque seguramente ya conocéis un poco de qué va el tema, os hago un resumen. Danzig Baldaev nació en 1925 y, desde pequeño, ya era un "enemigo del pueblo". Su padre, sociólogo, fue enviado al gulag y a él lo mandaron a un orfanato. Luchó en el Ejército Rojo durante la Segunda Guerra Mundial.




En 1948, Baldaev comenzó a trabajar como guardián en una prisión de Leningrado y, debido a su gran talento para el dibujo, se le encargó reproducir los tatuajes de los criminales rusos, con los que se confeccionaría una especie de enciclopedia.

Pero Baldaev no se limitó a dibujar tatuajes, sino que recogió los testimonios de los prisioneros del gulag que iba encontrando en las cárceles de la Unión Soviética por las que iba pasando para catalogar tatuajes, y con ellos realizó unos bocetos. Los relatos de su padre, que sobrevivió al gulag, también le sirvieron para reproducir los horrores de ese infierno. Tras la desestalinización, Baldaev comenzó a confeccionar los impactantes dibujos que recoge este libro.

Aquí tenemos una foto de Baldaev (que falleció en 2005) rodeado de criminales rusos tatuados:




Hay que decir que sobre los campos de concentración de nazis disponemos de una cantidad ingente de imágenes mentales pero, en cambio, del gulag apenas ninguna, cuando los puntos en común son numerosos. El porqué de esa diferencia daría para una profunda reflexión que dejamos para otro día. Así pues, el testimonio gráfico de Baldaev nos proporciona un elemento escasísimo que hay que aprovechar.

Aquí tenéis algunas de las páginas que he fotografiado para que os hagáis una idea del contenido del libro. Las explicaciones de cada dibujo las podéis leer ahí en inglés.
















Creo que poco se puede más se puede añadir. Bueno, sí, algo. Si parecen exagerados los dibujos de las torturas, en realidad creo que Baldaev se queda corto. Ahora precisamente estoy leyendo un libro sobre las checas durante la guerra civil, concretamente en Barcelona, y me estoy quedando helado ante el sádico refinamiento que poseían las torturas que aquí se administraban...

Naturalmente, también cabe la posibilidad de que estos dibujos sean el sórdido fruto de la morbosa imaginación del farsante Baldaev y que, en realidad, el gulag fuese una red de campamentos de verano víctima de injustas difamaciones, quién sabe.

En fin, que si os interesa el tema de la Unión Soviética y el gulag, el libro de Baldaev no puede faltar en vuestra biblioteca.


miércoles, marzo 01, 2017

ANTONIO MANZANERA, AUTOR DE "EL ASESINO DEL ACANTILADO": "CREO LA TRAMA DE MIS NOVELAS CON UN EXCEL"





Bien, amigos, hoy vamos con una entrevista a un autor que algunos de vosotros -los que me pedís insistentemente que me atreva a escribir una novela- sin duda odiaréis, ya que, en parte, no la escribo por culpa de este señor.

Cuando se me pasa por la cabeza ponerme con una obra de ficción, me leo la última novela de Antonio Manzanera -lleva cinco- y se me pasan las ganas...

Veo esas tramas perfectamente urdidas, ese estilo hiperrealista -como él lo define-, esos personajes perfectamente caracterizados, y que además todo funciona con la precisión de un reloj, y siento que cualquier cosa que escriba estará muy por debajo, así que sigo con mis historias de la Segunda Guerra Mundial. Zapatero a tus zapatos.




Tenía pensado escribir una reseña de su última novela, El asesino del acantilado (Ediciones B), pero después de leerla creo que es mejor sumergirse en la trama sin saber nada, para disfrutar más de las sorpresas.

Así que he optado por charlar un rato con el autor, vamos allá:


- Si yo hubiera escrito tu genial novela La tercera versión, y esta última, más genial todavía, pensaría que la vida es muy injusta por no ser todavía un reconocido autor de bestsellers mundiales. ¿Es tu caso?

Es mi caso no ser un autor de bestsellers mundiales, pero me lo tomo con fair play. Después de todo, la vida no es injusta conmigo; me ha dado otras muchas cosas. Aunque un bestseller mundial, no.


- Como es imposible que de un único cerebro pueda surgir un puzle tan complejo como el de El asesino del acantilado, y que funcione como un preciso mecanismo de relojería, reconoce que has contado con la colaboración de un vasto equipo de colaboradores.


Ojalá. Si fuese así te aseguro que les dejaría a ellos hacer todo el trabajo sucio y yo me limitaría a poner el número de cuenta para que me llegase el dinero de los derechos. Lo cierto es que todo proviene de mi cabeza que, si te soy sincero, cada vez creo que da menos de sí. Tendré que tomar vitaminas.




- ¿Nos podrías explicar algo de tu metodología de trabajo? Me imagino tu estudio de trabajo como la habitación del motel del prota de Memento, con las paredes llenas de post-its, cartulinas, flechas, dibujos y fotos para poder fabricar esta compleja trama…

Creo la trama de mis novelas con un Excel, ahí se nota mi vena de financiero. Mi sistema es hacerme preguntas y no parar hasta encontrar respuestas inteligentes. Cuando ya tengo la trama pienso la manera de escribirla de un modo original y que sorprenda al lector. Te aseguro que a estas alturas sorprender al lector es cada vez más difícil.

- Con un Excel... así cualquiera. Recuerdo que a un exitoso autor de libros de anécdotas históricas le preguntaron que de dónde sacaba tantas anécdotas; el respondió que las sacaba de los libros, y el otro le espetó también: "Así cualquiera...".

¿Cómo te llegó la inspiración para escribir El asesino del acantilado?


Escuchando una canción que te recomiendo, The good life, de Tony Bennett. Bennett la cantaba a un amor que se marchita, pero yo la imaginé dedicada a una vida simple y sencilla que derivaba hacia el rencor debido una espiral de violencia descontrolada.

- Pues aquí tenemos la canción para que la disfruten todos los seguidores del blog:






- Me ha sorprendido especialmente tu detallada descripción del funcionamiento de una cárcel californiana en 1980. ¿Cómo te has documentado?

Fue sencillo. Solicité al Departamento de Prisiones americano el reglamento de régimen interno de las prisiones federales y me lo enviaron.

- Vaya... me recuerda el caso de un espía nazi en Estados Unidos al que Berlín le encargó que consiguiese las especificaciones de un arma; así que envió una carta al gobierno y se las mandaron a vuelta de correo...

Seguimos. Cuando cualquiera, como yo mismo, hubiera escrito “la mujer hizo una fotocopia”, tú escribes en un momento del libro “La mujer abrió la tapa de la fotocopiadora y presionó un botón. La máquina rugió con pereza, dejó escapar un chispazo de luz y al cabo de unos segundos regurgitó un folio de papel”. Una frase así, ¿te sale de corrido o le das muchas vueltas?


Aunque suene paradójico supongo que me sale de pura impaciencia ante una situación semejante. ¿Acaso cuando tú has hecho fotocopias la cosa era tan rápida como que la chica apretase un botón, o se sucedía toda esa serie de interminables pasos intermedios? Escribiendo así la frase transmites al lector el hecho de que el protagonista asiste impaciente a tan largo procedimiento.

- ¿Nos puedes adelantar algo sobre tu próximo proyecto?

Por ahora no tengo ninguno. El próximo libro tiene que ser mejor que El asesino del acantilado. Necesito algo bueno.

- Seguro que te llegará de nuevo la inspiración... Por último, ¿qué piensas cuando novelas del mismo género de tu novela como, por ejemplo, La chica del tren, se convierten en éxitos mundiales?

Si escribiese para rivalizar en euros con los bestsellers mundiales hace tiempo que lo habría dejado. Contestando a tu pregunta, pienso: “si yo tuviera una escoba, cuántas cosas barrería”.


- No puedo dejar de estar de acuerdo con eso. Muchas gracias, Antonio, y suerte con tu excelente novela, que sin duda la merece.


domingo, febrero 26, 2017

LA FASCINACIÓN POR EL MAL: MI EXPERIENCIA PERSONAL DISFRAZADO DE DONALD TRUMP




Bien, amigos, aunque yo no soy mucho de la fiesta de Carnaval -creo que en toda mi vida me habré disfrazado tres o cuatro veces-, este año me he animado a participar en ella.

Hace un mes o así me tropecé en internet con unas máscaras muy realistas de Donald Trump, así que me compré una. Adquirí también una corbata roja y hasta una gorra roja de "Make America Great Again" y ayer salí a la calle a divertirme un poco y, sobre todo, ver la reacción de la gente al verme. Tengo que deciros que ha sido toda una experiencia, que me ha provocado algunas sesudas reflexiones.

Lo que me sorprendió es que, desde el primer momento, había gente que me pedía hacerse una foto a mi lado, o se hacían selfies conmigo. Curiosamente, las que más lo hacían eran chicas muy jóvenes, así como algunos chavales, todos entusiasmados con la posibilidad de hacerse una foto con un falso Trump.

Yo había salido de casa pensando que la visión de este controvertido personaje iba a provocar rechazo, pero me encontré más bien con lo contrario. Hasta había niños que se alegraban de reconocerme y me saludaban.

Por encima de esa capa de la población de menor edad, las reacciones de los hombres de más de treinta años, y algunas mujeres, eran opuestas a mi disfraz, con miradas de reprobación. En dos ocasiones se me acercaron y me hicieron un gesto cruzando los dedos, imagino que haciendo la señal de la cruz, exorcizándome como si fuera el diablo en persona. Pero también varias mujeres me pidieron hacerse fotos conmigo.




En todo caso, no pasé desapercibido, y mi presencia iba despertando reacciones en uno u otro sentido.

Aunque no soy sociólogo y mi estudio adolece quizás de debilidades metodológicas, me voy a arriesgar a lanzar algunas hipótesis.

Como he apuntado, me sorprendieron las reacciones favorables, de clara simpatía, sobre todo entre los más jóvenes. Eso es extraño teniendo en cuenta que la práctica totalidad de los medios españoles han trasladado a la opinión pública una imagen muy negativa de Trump (si es con razón o no, no viene ahora al caso). Es presentado a diario como una persona autoritaria, insolidaria, racista, retrógrada u homófoba, pero aun así, como ayer comprobé, no sólo no despierta rechazo entre una parte de la población, sino que posee algo que podríamos llamar carisma.

Me pregunto, por ejemplo, cuál hubiera sido la reacción de la gente si hubiera ido disfrazado de Hillary Clinton o de Barack Obama, dos personajes que han sido presentados por la prensa desde una óptica favorable. ¿Me hubieran pedido más selfies?

La situación me recordó a la de la película HA VUELTO, en la que un Hitler resucitado pasea por el centro de Berlín, entre las simpatías populares, a pesar de conocer todos su negro pasado:




¿Cuál es el motivo por el que estos personajes despiertan esa especie de simpatía? Es posible que sea la fascinación que despierta el mal. En las películas, los malos siempre resultan más atractivos que los buenos, y no es raro identificarse con ellos.

Pero podríamos ir más allá. En el mundo actual, los tradicionales prescriptores de opinión están fracasando estrepitosamente. Lo hemos visto en los casos del Brexit, Colombia y ahora Trump. Sencillamente, la gente ya no les hace caso. Gracias a los recursos informativos casi infinitos de que disponemos gracias a Internet, lo que digan los editoriales de los periódicos o los más reputados columnistas o tertulianos nos da igual. Hace pocos años, un editorial de El País podía mover montañas; hoy levanta montañas de indiferencia.

Eso ha llevado a que la gente, cada día más desconfiada con todo lo que huela a establishment, haga exactamente lo contrario de lo que se le exige desde esas tribunas oficiales.

Los ciudadanos escogen hoy para informarse u orientarse medios insólitos, como Twitter, un youtuber, confidenciales... Por ejemplo, tanto yo como mis amigos seguimos la web del canal de TV ruso RT porque no nos fiamos de la información que brindan las grandes agencias de prensa. Igualmente, para saber si una película es buena o no, ya nadie hace caso de los críticos del Fotogramas, como antes, sino que acude al Filmaffinity, que recoge directamente las opiniones de los espectadores que la han visto.

Con esta atomización, la gente es más difícil de controlar y se resiste a obedecer. Así, si todos los medios hablan horrores de Trump, se puede dar precisamente una reacción contraria, que quizás sea difícil de detectar en las redes sociales debido a la espiral del silencio, pero que sí se hace presente en el momento secreto de ejercer el voto, o de pedirle un selfie a un tío disfrazado del presidente norteamericano.


viernes, febrero 17, 2017

PIOTR MAGGO, EL CHEKISTA QUE DISFRUTABA CON SU TRABAJO




Como bien sabéis, uno puede sentirse muy afortunado si ha conseguido trabajar de lo que le gusta. Si uno siente pasión por lo que hace, y además le pagan por ello, ha dado un paso muy importante para ser feliz.

Eso es lo que debía pensar un personaje que ya conocía de antes, pero que hoy me he vuelto a tropezar con él trabajando en mi próximo libro que, si los dioses quieren, estará el próximo otoño en las librerías.

Se trata del letón Piotr Ivanovich Maggo (lo de Maggo debía ser el alias, pero no lo he podido confirmar, también lo he visto como Maggi). Nació en 1879 en el seno de una rica familia de agricultores. Se alistó como voluntario en el ejército ruso durante la Primera Guerra Mundial. Durante su juventud no había mostrado interés por la política, pero la Revolución Rusa le convirtió en un bolchevique de pro. En 1918 se unió a la Cheka para acabar con los "enemigos de la revolución" . Su crueldad y su voluntad de matar personalmente a los contrarrevolucionarios llamó la atención de su jefe, Félix Dzerzhinsky, quien lo nombró su guardaespaldas.

En 1920 fue nombrado director de la Lubianka. Pese a no tener que tomar parte en las ejecuciones, lo hacía voluntariamente. Los testigos que conocían a Maggo afirmaron que quería ejercer dicha actividad por el placer de matar.

A menudo trabajaba los fines de semana y los días festivos. A diferencia de otros ejecutores del OGPU -la organización que había sucedido a la Cheka en 1922-, no tenía reparos en disparar a las mujeres. Solía recurrir al vodka para mantener el ánimo durante toda la jornada. Después de cumplir con su tarea, acostumbraba a salir para acabar de emborracharse, después de aplicarse una buena cantidad de colonia barata para quitarse el olor de la sangre y la pólvora.

Se cuenta que, llevado de su frenesí asesino, en mitad de una sesión confundió a un agente del NKVD llamado Popov con un sentenciado a muerte, ordenándole colocarse contra la pared para ser ejecutado, y diciéndole a gritos que, si no se daba prisa, le dispararía allí mismo; el aterrorizado Popov consiguió a duras penas calmar a su exaltado colega y evitar así ser ajusticiado por error.

Su pulsión asesina contrastaba con su aspecto bonachón y su carácter tranquilo y educado; con sus gafas y su barba parecía más un médico o un maestro de pueblo.

Las ejecuciones realizadas por los chekistas seguían un mismo patrón. Los prisioneros eran sacados de uno en uno de sus celdas y conducidos a una sala, la denominada “habitación Lenin”. Pintada de rojo para disimular las salpicaduras de sangre, estaba acolchada para que los demás prisioneros no pudieran escuchar el sonido del disparo ejecutor, y el suelo de hormigón estaba inclinado para facilitar el drenaje.

Allí, el reo era obligado a arrodillarse, de cara a la pared. Entonces entraba en escena el verdugo, que solía llevar delantal de carnicero de cuero, para no mancharse con la sangre. Con el prisionero dispuesto para la ejecución, el verdugo, sin mediar palabra, colocaba su pistola en la base del cráneo y disparaba maquinalmente.

El cuerpo sin vida era retirado hacia el exterior a través de una portezuela y cargado en un camión. Entonces se procedía a limpiar la “habitación Lenin” con una manguera, dejándola preparada para una nueva ejecución. Todo el proceso duraba apenas tres minutos.



Maggo era un hombre entregado a su trabajo. Sin embargo, su vida se torcería inesperadamente en 1924, cuando fue destinado al Consejo Supremo de la Economía Nacional, en donde ya no podía matar a nadie. Me imagino al bueno de Maggo poniendo sellos todo el día, en un sórdido despacho de un oscuro negociado, sin más expectativa vital que sumar trienios y soportando que sus amigos le dijeran "no te quejes, que eres funcionario".

Pero Maggo no se sentía realizado con ese alienante trabajo y en 1931 solicitó regresar al OGPU como agente para "tareas especiales“, es decir, verdugo, su auténtica vocación. Afortunadamente para él, la petición le fue concedida y en poco tiempo fue ascendido a capitán en la OGPU.

Se calcula que Maggo ejecutó cada día entre tres y quince condenados a muerte. Su técnica personal consistía en disparar al reo en la nuca al mismo momento que le propinaba una fuerte patada en la espalda para derribarle; de ese modo evitaba que le salpicase la sangre. A lo largo de su carrera como verdugo debió matar a unas diez mil personas. Aunque parezcan muchas, otro ejecutor, Vasili Blojin, alcanzó la cifra de veinte mil, lo que le valdría en 2010 el dudoso honor de figurar en el libro Guinness de los récords como “verdugo más prolífico”.

Aquí tenéis a Blojin:



En reconocimiento a sus méritos, Maggo fue condecorado en 1936 con la Orden de la Estrella Roja y en 1937 con la Orden de la Bandera Roja. Al igual que en el caso de Blojin, Maggo sirvió a las órdenes de los jefes del NKVD Yagoda y Yezhov sin verse afectado por las purgas que acabaron con ellos.

En esta foto podéis ver a Maggo en el centro de la fila inferior, rodeado de un auténtico Dream Team de matarifes: Ernest Mach, Ivan Shigalev, Alexander Yemelyanov, Vasily Shigalev e Ivan Antonov.




Tan sólo se echa en falta al crack Blojin, así como a otro artista del tiro en la nuca, Sardion Nikolaevich Nadaraya.

Como jefe personal de la guardia de Lavrenti Beria, Nadaraya se dedicó a la creación de cámaras de tortura y a la ejecución de detenidos. Se cree que pudo haber acabado también con la vida de unas diez mil personas.




Volviendo a la brillante carrera de Maggo como ejecutor, ésta acabó abruptamente en 1940, oficialmente porque su tarea fue encomendada a los militares, pero parece ser que Beria tuvo algo que ver con esa jubilación forzosa.

Aunque Maggo envió una desesperada petición al padrecito Stalin implorándole poder seguir con la dedicación que tanto le motivaba, éste dejó la respuesta en manos de sus colaboradores, quienes le respondieron que el líder soviético "tenía sus propios problemas".

Deprimido por su destitución como verdugo, Maggo se abandonó definitivamente a la bebida, muriendo de cirrosis en 1941.

Como epílogo, si os gusta el tema, no podéis dejar de ver esta película que ya recomendé aquí no hace mucho, EL CHEKISTA. Que la disfrutéis.


lunes, febrero 06, 2017

RIPHAGEN (2016): UNA PELÍCULA BASADA EN HECHOS REALES QUE TENÉIS QUE VER (SIN LEER NADA ANTES)



Bien, amigos, después de la dura entrada anterior, comenzamos la semana con una recomendación fílmica.

Se trata de la película holandesa RIPHAGEN (pronúnciese Ripaguen), dirigida por Pieter Kuijpers el año pasado, así que es bien reciente.



Yo no conocía la cinta, pero un amigo me dio el aviso y no me lo pensé. Trata de las andanzas de Dries Riphagen, un criminal holandés que colaboró con los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial.

Este es el pájaro en cuestión:



Como digo en el título, está basada en hechos reales, pero creo que es muy importante que no busquéis información sobre este personaje hasta después de ver película (os pediría también que, si hacéis algún comentario, no contenga spoilers).

Aunque no es una producción ambiciosa, te atrapa desde el primer momento y no te suelta hasta el final. Una de las claves es la excelente interpretación del protagonista, Jeroen van Koningbrugge, que consigue hacerse realmente odioso, pero es que las otras actuaciones resultan también muy convincentes.




Aquí tenéis el tráiler:




Pues ya sabéis, si queréis disfrutar de una buena película, descubrir este repugnante personaje histórico y aprender cosas sobre la ocupación de Holanda, no os la perdáis.