domingo, enero 14, 2018

LO RECONOZCO, ESTOY ENGANCHADO A UNA DROGA




Bien, amigos, saludos de nuevo. Me ha ido bien el descanso navideño porque ya estoy otra vez echando paladas de carbón a la locomotora, ganando cada vez mayor velocidad.

El año se presenta -como dice el tópico- cargado de proyectos, así que no hay tiempo que perder.

Pero lo primero es hacer una confesión en primera persona, valga el pleonasmo, que siento necesidad de volcar aquí. Hasta ahora no he querido admitirlo, ni tan siquiera a mí mismo, pero creo que ha llegado el momento de plantar cara a mi adicción, y nada mejor que hacerlo aquí, de manera pública.



Como sabéis los que lleváis las cuentas de mis libros, el que voy a publicar ahora hace el número 22. Pues bien, el hecho de que esté a punto de salir me está produciendo una intensa sensación de bienestar, euforia y vitalidad excesiva, además de hiperactividad, motivación y confianza. Soy consciente de que todo ello es ilusorio y que, una vez que el libro esté ya en las librerías, esas sensaciones desaparecerán y caeré en la depresión postlibro, de la que ya os he hablado alguna vez.

Supongo que la expectativa ante la publicación del libro libera en mi torrente sanguíneo endorfinas, serotonina, melanina, estricnina o antracita, y eso me lleva a ver las cosas así, pero no por eso deja de ser más preocupante.




He acudido a algún grupo de autoayuda de escritores a los que les sucede lo mismo, pero nos acabamos invitando a presentaciones y ofreciéndonos para escribir reseñas de los libros de los demás, así que no avanzamos mucho.

Como suele pasar en estos casos, los que lo pasan peor son los que nos rodean, que se ven obligados por compromiso a darle al like en nuestros post en los que hablamos una y otra vez del libro de marras, e incluso a compartir en sus muros, y todo resulta bastante embarazoso.

Lo peor es que esos efectos euforizantes no van disminuyendo conforme voy publicando libros, sino que casi diría que aumentan. De hecho, creo que estaría dispuesto a publicar gratis e incluso a pagar por ello, sólo para obtener esa recompensa -espero que los editores que me tienen que pagar no lean esto-.

Total, que aquí me tenéis contando los días que faltan para que el libro salga de la imprenta.

Por cierto, se me olvidaba, la nueva obra se titula ESO NO ESTABA EN MI LIBRO DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL, lo publica la editorial Almuzara y ésta es la portada:




Los que queráis haceros con el libro tendréis que esperar al 2 de febrero, pero si queréis ir comprándolo ya -aunque no lo podrán enviar hasta el 26 de enero-, lo podéis hacer AQUÍ, con el 5% de descuento y sin gastos de envío si lo pagáis por Paypal o transferencia.

Venga, ya os diré si voy superando mi adicción, aunque no soy muy optimista al respecto...


lunes, enero 08, 2018

LOS MEJORES LIBROS QUE HE LEÍDO EN 2017 (AUNQUE SEA CON UN POCO DE RETRASO)




Bien, amigos, aquí estamos de nuevo después de una larga ausencia.

El mes de diciembre he estado muy liado con las correcciones de las pruebas de imprenta de mi nuevo libro, que saldrá a la venta a primeros de febrero, y en Navidades he marchado fuera de España para cargar pilas, así que hasta ahora no he podido retomar la actividad del blog.

Esta entrada tenía pensada hacerla antes de final de año, que es cuando toca hacer listados de este tipo. Aunque sea con un poco de retraso, vamos con lo mejorcito que he leído este año que ha terminado hace poco, por si os puede servir de inspiración a la hora de escoger los títulos a leer en 2018.

Antes que nada, quiero dejar anotado que he cubierto el objetivo mínimo de lecturas para el año, que cifro en 40. Concretamente han sido 42; el número no es determinante, ya que obviamente hay libros más cortos y otros más extensos, pero puede servir para saber si hemos aprovechado el año o no. Aunque debería haber leído entre 50 y 60, me doy por satisfecho.

Así que vamos con mi selección personal.


En 2017 he descubierto la saga de HARRY FLASHMAN, el inefable personaje creado por el escritor George MacDonald Fraser, de la que he leído seis, dejando el resto para este año. Como ya recomendé estos libros aquí en el blog, no me voy a extender. Sólo deciros que es una manera interesante y divertida de conocer la historia del siglo XIX, una lástima no haberlos conocido antes.



En cuanto a libros sobre la Segunda Guerra Mundial, me han gustado LA OTRA HISTORIA DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL, de Donny Gluckstein, que describe escenarios de la guerra que son normalmente ignorados. También me ha resultado muy original COCINA DE COMBATE, de Anastacia Marx de Salcedo, con muchos datos sorprendentes. Igualmente, A TODA MÁQUINA HACIA SMOLENSKO, de Erskine Caldwell, me ha proporcionado una visión muy novedosa de los primeros meses de la campaña de Rusia.

En cambio, LA GUERRA DE CHURCHILL, de mi admirado Max Hastings, no me ha acabado de entusiasmar, aunque ofrece una imagen de Churchill a la que no estamos acostumbrados.


Siguiendo con la historia, me han gustado bastante LA NEUTRALIDAD DE FRANCO, de Fernando Paz, UN MUNDO APARTE, de Gustaw Herling-Grudziski, y LA ESTEPA INFINITA, de Esther Hautzig, un libro que se lo ha acabado leyendo toda mi familia.


Sobre Camboya he leído dos libros con los que te haces una buena idea de lo que pasó allí: EN EL INFIERNO DE LOS JEMERES ROJOS, de Denise Affonço, y LA ELIMINACIÓN, de Christophe Bataille y Rithy Panh.

Y vamos con los dos libros que más me han gustado.


Uno es GREGARIO, de Charly Wegelius, el testimonio de un ciclista del montón, que nunca ganó nada. Aunque no os atraiga especialmente el mundo del ciclismo, como a mí, este libro os resultará extrañamente adictivo, os lo devoraréis.


El otro es LA CHICA DE LOS SIETE NOMBRES, de Hyeonseo Lee. Pese a lo disuasorio del título, que parece de una novela barata, este libro autobiográfico es extraordinario. Narra la épica aventura de su protagonista para escapar de Corea del Norte. La emoción y el suspense que posee supera a muchos libros del género, de lo mejor que he leído últimamente.



Pues ésta es mi selección de títulos, al que habría que añadir el que estoy leyendo ahora, LA GUERRA OLVIDADA: HISTORIA DE LA GUERRA DE COREA, de David Halberstam, que me está pareciendo excelente. Aunque tenía el libro desde hace años, hasta ahora no me había puesto con él debido a sus intimidatorias 860 páginas, pero resulta muy ágil y ameno, así que lo recomiendo vivamente.

Ahora estoy confeccionando el listado de libros que debería leer en 2018, aunque siempre acabo dejándome llevar hacia otros caladeros guiado por la curiosidad y la intuición.

¡Buenas lecturas en este año que acaba de comenzar!



miércoles, noviembre 22, 2017

EPÍLOGO DEL VIAJE A DANZIG. LOS CEMENTERIOS MILITARES SOVIÉTICO Y ALEMÁN




Bien, amigos, vamos con la última entrada dedicada a mi pasado viaje a Gdansk/Danzig.

La visita a los cementerios militares soviético y alemán lo dejé para el último día. Se encuentran relativamente cerca de la estación de tren, de donde sale el que va al aeropuerto, así que, como el vuelo salía por la tarde, decidí ir por la mañana, llevando ya la mochila, para coger después directamente el tren y no tener que volver al hotel.

Como la mochila no pesaba mucho, no la dejé en la consigna de la estación, pero hay esa opción si también hacéis lo mismo que yo y aprovecháis el último día para verlos.

Tengo que deciros que, sorprendentemente, encontré en internet muy poca información de los cementerios y, una vez allí, no existen indicadores en absoluto, así que espero que lo que digo aquí pueda seros de utilidad.

Lo primero, aquí tenéis un plano de localización.



Para llegar, simplemente se tiene que atravesar el paso subterráneo de la estación, salir a la estación de autobuses y seguir a mano derecha hasta llegar a una calle que sube a la izquierda, y pasar junto a una gasolinera. A mano derecha veréis enseguida el cementerio civil, no tiene pérdida. Desde la estación son apenas diez minutos caminando.

Encontraréis una puerta lateral -que no es la principal, que está más arriba- atravesáis el cementerio por completo, salís por otra puerta lateral en la que hay un puesto de flores y 50 metros a la izquierda tenéis la entrada al cementerio militar soviético.

Nunca había estado en uno, así que me impresionaron esas estrellas blancas tan fotogénicas.




Hay unas lápidas negras con los nombres de los soldados.




Hay 3.089 soldados soviéticos enterrados aquí, caídos durante la toma de Danzig en marzo de 1945.


Esta cruz no me cuadra en un monumento soviético, así que seguramente es posterior.



El cementerio estaba bastante bien cuidado aunque, paradójicamente, transmitía una sensación de abandono. Parece que hace mucho tiempo que no se celebra allí ninguna ceremonia de conmemoración.

No había nadie más visitándolo.



Me gustó este monumento en el mejor estilo soviético.




Esta es la vista del cementerio desde el monumento:


Y aquí, dos figuras escultóricas, que supongo que representan a las apenadas madres y novias/esposas de los soldados caídos por el padrecito Stalin y la gloriosa Unión Soviética en la Gran Guerra Patriótica.



Visto el cementerio soviético, me puse a buscar el alemán, del que no había conseguido averiguar en internet su localización exacta, apenas que estaba "detrás del soviético" (?).

Así que comencé a deambular por los alrededores cargado con mi mochila, metiéndome por caminos que acababan llevando a casas particulares, con el ladrido de los perros de fondo, o por otro que conducía a la cima de una colina cercana en la que, al final, había una antena.

Un tanto frustrado y confundido, regresé al cementerio civil, en donde había algunas personas mayores cuidando las tumbas. Debía haberles preguntado, pero imaginé que no entendían el inglés, y yo tampoco hablo polaco. En todo caso, lo de preguntar allí por un cementerio nazi me echaba un poco para atrás, así que seguí dando vueltas.

Llevado más por la intuición que por otra cosa, comencé a ascender por el cementerio, emplazado en la ladera de una colina, hasta que por fin, arriba del todo, vi las inconfundibles cruces típicas de los cementerios militares alemanes.





Aquí veis esta cruz dedicada a los que murieron durante la Segunda Guerra Mundial.


Allí no hay sólo soldados de la guerra de 1939-1945, sino también de la Primera Guerra Mundial e incluso de la guerra franco-prusiana (1870-1871), como podéis ver en este pequeño conjunto:





Según he leído, hay un total de 562 soldados alemanes enterrados en este cementerio.


Tampoco había nadie visitándolo.


Como todos los cementerios militares germanos, éste también resulta triste y desangelado.


Una vez visitados ambos cementerios, y satisfecho por haberlos podido encontrar, regresé a la estación para tomar el tren al aeropuerto.

Pues con esta última entrada doy por finalizada mi crónica del viaje a Gdansk. Si os decidís a visitar esta ciudad y necesitáis alguna información práctica, quedo a vuestra disposición.


martes, noviembre 14, 2017

MI VISITA AL ESCENARIO DE LA BATALLA DE WESTERPLATTE (1939), ESA GRAN DESCONOCIDA




Bien, amigos, vamos con la penúltima entrega del material que recogí en mi pasado viaje a Danzig, del que ya veis que he podido extraer bastante jugo.

Antes que nada, quiero deciros que estoy contento porque ya sé la fecha de salida de imprenta de mi próximo libro.

Después de algún retraso -ya que tenía que haberse publicado este mes de noviembre-, saldrá de imprenta el próximo 27 de enero, así que supongo que a mediados de febrero lo tendréis en las librerías, pero ya habrá tiempo para hablaros de él.




Hoy vamos con una batalla de la que todos habéis oído hablar, pero que me temo que quizás no conocéis bien cómo discurrió. No os preocupéis por eso, porque hasta creo que el bueno de Antony Beevor tampoco lo tiene muy claro; en su monumental libro La Segunda Guerra Mundial asegura en la pag. 39 que "a las 04:45 se dispararon desde el mar, cerca de Danzig, los primeros obuses. El Schleswig-Holstein (...) se había trasladado durante las últimas horas de la noche previas al alba a una posición próxima a las costas de la península de Westerplatte".

Esa descripción denota que Beevor ni ha visitado la zona ni se ha documentado, ya que el famoso acorazado no estaba en el mar, frente a la costa, sino en el interior del puerto, tal como podéis ver en este gráfico extraído del libro de Steve Zaloga La invasión de Polonia 1939, publicado por Osprey, en el que señalo la posición del Schleswig-Holstein con una flecha:



Bueno, después de enmendarle la plana a Beevor, vamos con mi visita al escenario de la batalla.

Si estáis en Danzig, es muy fácil ir a la península de Westerplatte, ya que hay dos líneas de barcos recreativos que van hasta allí.




Una es la de este barco pirata. Si hubiera ido con el niño, ya tenía excusa para ir en él, pero no fue así y -como no me pareció serio que un historiador se dirigiese al escenario de una batalla de la Segunda Guerra Mundial en un galeón pirata- me quedé con las ganas y decidí tomar este otro.



El precio del viaje de ida y vuelta, que dura media hora, fue de 45 zlotys, unos 10 euros.




Yo tomé el barco de las 12.00 y regresé en el de las 15.00, lo que me dio el tiempo necesario para visitar la zona.



Hay que agradecer que los polacos han llevado a cabo un extraordinario trabajo de recuperación del campo de batalla, impulsado por el Museo de la Segunda Guerra Mundial que ya os mostré.

Cuando uno se baja del barco, camina hacia adelante unos 100 metros y se encuentra, a la derecha, con el primero de los espacios jalonados con paneles. El recorrido está muy bien señalizado y es fácil de seguir. Las informaciones están en polaco y en inglés.


Esta es la entrada por ferrocarril a la parte de la península que había sido asignada a los polacos.


Pero vamos primero con la historia. Como sabéis, en 1939 Danzig era una Ciudad Libre bajo la administración de la Sociedad de Naciones, aunque las autoridades locales eran nazis. Los polacos tenían una oficina de correos y disponían de una guarnición en la península de Westerplatte, situada en la bocana del puerto. Por tanto, para los alemanes era crucial apoderarse de esa base para disponer de las instalaciones portuarias.

Así, a las 4.48 h del 1 de septiembre de 1939 -esa fue la hora exacta- , la base polaca en Westerplatte fue bombardeada sin previo aviso por el acorazado germano Schleswig-Holstein, que se encontraba fondeado en el puerto en visita de “buena voluntad”, en lo que serían los primeros disparos de la Segunda Guerra Mundial.

En una tienda de recuerdos de Gdansk vi esta taza dedicada al histórico acorazado y, aunque era horriblemente kitsch, no pude resistir la tentación y me la compré.



Seguimos. Los alemanes, que disponían de cerca de 2.000 hombres para la captura de la península, creían que la guarnición polaca apenas contaba con 88 hombres, por lo que esperaban que ésta caería rápidamente -incluso desplazaron un equipo cinematográfico para documentar el triunfo-, pero no sería así.


Temiendo un ataque, el comandante de la base, el mayor Henryk Sucharski, había reforzado la guarnición el día anterior, elevando la cifra de defensores a 210 hombres. Además, los polacos habían realizado obras de fortificación por la noche, para no ser observados por los alemanes, construyendo casamatas de hormigón y colocando alambradas, sobre todo en el istmo, que era por donde se esperaba el asalto principal.

Aquí podéis ver algunos de esos búnkeres.



Este había sido construido por los alemanes en 1911, y ahora sería aprovechado por los polacos.



De paso, pongo aquí esta torre de observación de la artillería de costa, construida durante la época soviética.


Cuando los germanos lanzaron su ataque se encontraron con una dura resistencia. A los cañonazos del Schleswig-Holstein se sumaron los de otro acorazado, el Schlesien, además de los bombardeos en picado de 60 aviones Ju 87 Stuka.

Aunque el 2 de septiembre los polacos estuvieron a punto de rendirse debido a la violencia de la embestida, Sucharski decidió continuar resistiendo, aun sabiendo de sobras que la guarnición estaba condenada a caer.

Aquí podéis ver cómo quedó el cuartel general de Sucharski después de la visita de los Stuka.








Era emocionante poder caminar por dentro del edificio. Está todo bien asegurado con cables de acero, pero da la impresión que se puede derrumbar en cualquier momento.



Son claramente visibles los vestigios de los combates.



A pesar de su enorme superioridad, los alemanes se veían incapaces de doblegar a los aguerridos polacos. La abrumadora cantidad de proyectiles caídos sobre la estrecha península, procedentes de los dos acorazados, hizo que ésta ofreciese el aspecto que habían presentado los castigados campos de batalla de la Primera Guerra Mundial, como veis aquí.



Los sucesivos asaltos de los infantes de Marina se estrellaban ante las minas, alambradas y el fuego de mortero y ametralladoras de los polacos.

Desesperados por no poder ofrecer todavía la victoria al Führer, en la madrugada del 6 de septiembre los alemanes llegarían a lanzar un tren en llamas por las vías que discurrían por el istmo, pero éste perdió impulso y no llegó a alcanzar el depósito de aceite que pretendían incendiar.



Estos son los restos del apeadero que había nada más pasar la barrera. Por la tarde hubo un nuevo intento con otro tren en llamas, pero también falló.

Aquí, los restos de otro andén, situado más adelante.


En la madrugada del 7 de septiembre los alemanes llevaron a cabo una preparación artillera de tres horas para lanzar un nuevo asalto en el que se emplearon lanzallamas, pero los extenuados defensores aun tuvieron fuerzas para rechazarlo. Sin embargo, antes de las diez de la mañana decidieron rendirse y mostraron por fin la bandera blanca. Una hora más tarde, Sucharski rindió formalmente la plaza.

En reconocimiento al valor demostrado por los polacos, los alemanes permitirían a Sucharski conservar su sable en cautividad, pero posteriormente le sería arrebatado en uno de los campos en los que estuvo internado.

El cuerpo de Sucharski fue posteriormente sepultado en el lugar en el que resistió de forma tan admirable, junto a otros compañeros.



Hay zonas que están siendo excavadas.


Los objetos que van encontrando se exponen en una sala anexa al Museo de la Segunda Guerra Mundial, cuya entrada valía 1 zloty (25 céntimos de euro).



Aunque la valentía de los defensores de Westerplatte había impresionado a los alemanes, tras la guerra, los soviéticos trataron de ridiculizar a los anteriores gobernantes “burgueses”, lo que no encajaba con la heroica actuación de los hombres de Sucharski. Por tanto, la historiografía polaca de posguerra, férreamente controlada por Moscú, simplemente la ignoró.

Sin embargo, el proceso de desestalinización emprendido a partir de mediados de los años cincuenta permitiría la recuperación de ese episodio histórico que alimentaba el orgullo nacional polaco. Curiosamente, el pueblo consideraría su reivindicación como un gesto de afirmación y resistencia ante la dictadura comunista.

Tratando de apropiarse de ese impulso en beneficio propio, el gobierno optó a su vez por reivindicarlo también, con la construcción en 1966 de este gran monumento conmemorativo en el lugar de batalla, elevándose imponente sobre una colina.




El monumento me parece feo de narices, pero qué se le va hacer.



Esta es la visión desde la colina.



De este modo, los héroes de Westerplatte consiguieron por fin el reconocimiento de sus compatriotas.

Por último, indicaros que hay allí varios puestos de souvenirs interesantes, con artículos a muy buen precio. Yo me hice con este fantástico imán para la nevera.




Tenéis dos películas polacas sobre estos hechos (por desgracia, no están dobladas ni subtituladas). Un año después de la inauguración del monumento se produciría una titulada simplemente Westerplatte, en la que se inmortalizaban los épicos combates (la podéis ver AQUÍ). Y más recientemente, en 2013, se ha estrenado otra, La batalla de Westerplatte (AQUÍ).

Como es difícil seguir la trama en polaco, os aconsejo acudir directamente a las escenas de lucha para haceros una idea de lo que tuvo lugar allí.

Después del plato fuerte del viaje a Gdansk, os emplazo a la última entrada, a modo de epílogo.