jueves, septiembre 21, 2017

¿SABÍAS QUE MUSSOLINI TENÍA UN "BERGHOF" EN LA ISLA DE RODAS?




Bien, amigos, retomo el blog en este mes de septiembre intenso como no recuerdo nunca...

Como ya sabéis, cuando llegué de mi viaje tuve que acabar y entregar el manuscrito de mi próximo libro, que está previsto que salga a la venta en noviembre. Como la editorial aún no ha dado a conocer el título, de momento no voy a adelantar nada. Pero no os preocupéis, ya me pondré pesado con él.

También he estado liado con unos artículos que tenía que entregar para una revista de historia, que irán saliendo próximamente.

De momento, este mes tenéis en los kioskos un número de septiembre de la revista MUY HISTORIA titulado ¿HÉROES O LOCOS? KAMIKAZES Y OTRAS MISIONES SUICIDAS DE LA II GUERRA MUNDIAL.



En sus páginas podréis encontrar una entrevista que me han hecho para hablar de esas operaciones suicidas, así como dos artículos míos, uno de dedicado a la batalla del agua pesada y otro al raid de Alejandría que llevaron a cabo los italianos.




Más cosas. También tenía previsto acudir a la III Memorial March en Albentosa (Teruel), que se celebró este pasado fin de semana. Yo tenía pensado hacer allí mi debut en el mundo de recreación; para ello me había comprado el equipo completo de corresponsal de guerra de Associated Pres y lo tenía todo preparado...

Hasta fui al "Rastro" de aquí de Barcelona -los Encantes- y le compré a un moro por 20 euros una Lubitel 2, una cámara rusa de los años cincuenta, copia de la Voigtländer Brillant de los años treinta.




Pero en el último momento, por causa de fuerza mayor, tuve que anular el viaje, qué se le va a hacer... Mi debut tendrá que esperar para otra ocasión.

Ya miraré a ver cómo lo planteo, pero no estaría mal crear un grupo informal de recreación de corresponsales civiles. Hay ya uno de militares, del Signal Corps, pero de civiles no me consta. De momento estoy tratando de engañar a un par de amigos para que se sumen; si hay alguien al que le hace gracia la idea, que me diga algo.

Y ya he comenzado a escribir mi nuevo libro, para una editorial que hace años que quiere publicar una obra mía. Ahora ha llegado el momento; supongo que se publicará en primavera del año que viene.

Por último, mi amigo profesor y escritor de volúmenes de cine Marco da Costa me ha mandado unas fotos de un interesante sitio que ha visitado en la isla de Rodas. Allí se encuentra el que debía de haber sido el lugar de retiro de Mussolini tras la guerra, su "Berghof".

Rodas pertenecía a Italia desde 1912. Allí, el conde Cesare de Vecchi, gobernador de las islas del Dodecaneso y amigo de Mussolini, hizo construir una lujosa villa, para que el Duce pasara allí su jubilación tras proporcionar a Italia sus previstas glorias imperiales.



Como ya sabéis, las cosas no salieron exactamente como estaban planeadas. Ni siquiera el dictador llegó a poner el pie en la isla. Pero la villa sigue en pie, aunque en unas condiciones penosas. Se ve que el estado griego tiene previsto alquilarla para reducir su deuda.

Aquí tenéis el resto de fotos que me ha remitido Marco da Costa:






Y ahora admirad las extraordinarias vistas que tiene la casa:



La similitud con el Beghof es evidente; mientras que desde la casa alpina de Hitler se podía admirar el Obersalzberg, en esta se puede disfrutar de la visión del Mediterráneo.

Pues bien, si no sabíais que Mussolini tenía previsto retirarse ahí, no os preocupéis porque yo tampoco lo sabía. Lo que más me gusta de la Segunda Guerra Mundial es que siempre se aprende algo nuevo.

miércoles, septiembre 06, 2017

PERO... ¿ES QUE HAY COSAS DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL EN PERNAMBUCO?




Hola amigos de nuevo, después del paréntesis veraniego. Aunque hace ya unos días que me he reincorporado, creedme si os digo que hasta hoy no he podido ponerme con el blog...

En cuanto llegué tenía que ponerme con las últimas pinceladas de mi próximo libro -previsto para noviembre-, que pude enviar a la editorial el domingo por la noche después de pasarme enclaustrado todo el fin de semana. Y después me he tenido que poner con una serie de artículos que tenía que entregar para ayer... Hoy parece que puedo respirar un poco, así que vamos allá.

Como ya sabéis, este verano me he pasado por Pernambuco, ese lugar que, los que tenemos una edad, conocemos por Mortadelo y Filemón, ya que era el lugar remoto al que huían cuando cometían alguna trastada. Creo que todos nos sorprendimos cuando supimos que ese lugar existe (igual alguno se ha enterado ahora).




Pues sí, Pernambuco es un estado del nordeste de Brasil, cuya capital es Recife. Tengo previsto dedicar una entrada meramente turística a esta ciudad, ya que es la que, hasta ahora, más me ha gustado de todas las que he visitado en ese país, más que Río o Salvador de Bahía, por ejemplo.

Pero hoy vamos con lo que supongo que os interesa más, la Segunda Guerra Mundial. Pues sí, aunque pueda sorprender, en Recife se pueden encontrar algunos vestigios interesantes de ese período.

Haciendo un poco de historia, tenéis que saber que en los años cuarenta Brasil estaba gobernado por un dictador, Getúlio Vargas, que simpatizaba con el Eje y mandaba felicitaciones de cumpleaños a Hitler. Sin embargo, haciendo gala de esa rara habilidad que tienen los dictadores para sobrevivir, apostó por los Aliados. En agosto de 1942 declaró la guerra al Eje y se echó en brazos de los norteamericanos, quienes ya habían estado trabajándose su voluntad con importantes aportaciones económicas.

Total, que los norteamericanos pasaron a utilizar la estratégica geografía brasileña para controlar las rutas aéreas entre América y Africa, fundamentales para el éxito del desembarco en el norte de Africa de noviembre de 1942. También desde ahí los aviones patrullaban el Atlántico en busca de submarinos. Además, las ciudades del nordeste servían de idóneo lugar de descanso para los oficiales.

Así que Recife se convertiría en la sede del cuartel general de la IV Flota norteamericana, encargada de la zona del Atlántico sur y el Caribe. Yo había investigado el emplazamiento de este cuartel general y descubrí el lugar aproximado, pero sólo contaba con esta imprecisa foto sacada de un blog:


Así que, una vez allí, tuve que indagar en estos edificios:



Al final pude identificarlo gracias a una placa que hay en el vestíbulo. El edificio es este:



Y ésta es la placa, que está junto a unos ascensores.



Me miraban un poco extrañados al ver el interés que mostraba por esa placa... La podéis ver ahí debajo de la U y la L.



Como veis, ahora el edificio acoge un centro educativo.



Como curiosidad, en los porches de esa calle se pueden ver los únicos limpiabotas de la ciudad. El motivo es que, durante la presencia norteamericana, era habitual que los militares destinados en el cuartel general se lustrasen allí las botas, convirtiéndose así en el punto tradicional de esta actividad.




Visto el cuartel general de la IV Flota, vamos con un pequeño museo que se encuentra en este fuerte del tiempo del dominio holandés, el llamado Forte de São Joao Batista do Brum o, simplemente, Fuerte Brum.




Estas instalaciones pertenecen al ejército, por lo que la visita tiene que ser guiada (el precio creo que era un euro y medio por persona). El guía era un soldado destinado allí que, por cierto, hizo muy bien su trabajo.

En el fuerte hay varias salas de exposición dedicadas a diferentes episodios de la interesante historia pernambucana, pero vamos con la dedicada a la Segunda Guerra Mundial.



En uniforme que lucen los maniquíes es el de la Fuerza Expedicionaria Brasileña, que combatió en el frente italiano a partir del otoño de 1944 y hasta el final de la contienda.



Aunque la aportación brasileña es ignorada por la mayoría de historiadores, la verdad es que su actuación fue sobresaliente. Por ejemplo, en pleno invierno, los alemanes atacaron por su sector pensando que sería más débil que el defendido por los norteamericanos, pero se equivocaron. Al final desistieron de seguir intentándolo por allí. La batalla más importante que libraron fue la de Monte Castello, que duró tres meses.

Aquí tenéis armas recopiladas en el frente por las tropas brasileñas.








Por último, vamos con este histórico restaurante de Recife, el Leite. Este era el lugar al que solían acudir los soldados y oficiales norteamericanos.




Como habéis visto en la placa, fue fundado en 1882.




Acudí allí por la mañana y me encontré que estaba cerrado. Llamé igualmente a la puerta y el encargado, un señor llamado Jairo, haciendo gala de la proverbial amabilidad brasileña, me permitió entrar para hacer fotos. Incluso encendió todas las luces para que quedaran mejor.




Leí en algún sitio que, durante la guerra, entró un general en el restaurante para cenar, pero todas las mesas estaban ocupadas por soldados. A un brasileño le sorprendió mucho que ningún soldado se levantase para cederle su sitio al general, y así se lo comentó a un soldado, pero éste le dijo que allí todos eran iguales, sin distinciones de rango.




La sala del restaurante conserva el sabor de las historias que tienen que haber sucedido entre esas paredes.



Pues, como veis, hasta en Pernambuco podéis encontrar cosas de la Segunda Guerra Mundial, sólo hay que buscar un poco...


sábado, agosto 05, 2017

TRES RECOMENDACIONES LIBRESCAS ANTES DE ECHAR LA PERSIANA




Bien, amigos, antes de echar la persiana del blog y marcharme a Pernambuco, quiero dejaros tres recomendaciones de lectura que seguramente no encontraréis entre las habituales por estas fechas.

Tengo que deciros que, de vez en cuando, leo alguno de los libros de moda, como hace poco uno del escritor noruego Karl Ove Knausgard, LA MUERTE DEL PADRE, el primer volumen de una serie de seis libros autobiográficos que ha titulado provocativamente Mi lucha. Aunque hay que reconocer que su obra provoca una extraña fascinación, debido a la descarnada sinceridad con la que habla de su presunto pasado, no voy a leer ninguno más porque creo que no aporta nada. No os lo recomiendo si tenéis algo mejor que hacer.

Así que vamos con tres libros de los que respondo con mi prestigio y reputación, en el caso de que los tenga.



El primero es LOS CIEN ÚLTIMOS DÍAS DE BERLÍN, de Antonio Ansuátegui, publicado por Ediciones Espuela de Plata en 2016. Este es un libro que fue escrito en julio de 1945 por esa persona, de la que no se sabe nada. Se supone que fue un español que fue a Berlín a estudiar en 1943. A su vuelta publicó ese libro y nunca más se supo, aunque es curioso que en los créditos figure el Copyright de los "Herederos de Antonio Ansuátegui", así que algo raro hay aquí.

Dejando eso de lado, el libro es un relato muy realista de esa Alemania de la última fase de la guerra. Yo temía que pudiera ser todo una invención, pero la cantidad y calidad de los detalles hace que lo que ahí explica difícilmente pueda haber salido de la imaginación del autor. La pena es que sólo sean 155 páginas, porque el libro se hace corto. Aun así, una pequeña joya que gustará a los que busquen una visión de la Alemania nazi desde dentro.




El segundo es LA ESTEPA INFINITA, de Esther Hautzig, publicado por Salamandra en 2012. He conocido este libro documentándome sobre las deportaciones de civiles polacos a Siberia llevadas a cabo por los soviéticos en 1940. No albergaba demasiadas expectativas sobre esta obra autobiográfica, que plasma los recuerdos de una niña que entonces contaba con diez años, pero la verdad es ¡que el libro me ha encantado!

He disfrutado mucho con su lectura. La prosa es muy ágil y no aburre en ningún momento. Me ha gustado el que la autora no trata de apelar a la compasión del lector explicando las penalidades y privaciones de ella y su familia, como sucede con otros libros similares, sino que no duda en destacar siempre lo poco de positivo que pudo extraer de esa traumática experiencia. Una lectura ideal para el verano, os la recomiendo.




Y el tercer libro es VOYTEK, EL OSO SOLDADO, de Bibi Dumon Tak, publicado por Ediciones Palabra en 2011. A estas alturas imagino que ya todos conocéis la historia real de ese oso que fue encontrado por soldados polacos en Irán y que les acompañaría más tarde en la campaña italiana, ayudándoles a transportar munición.

Este es un libro destinado al público infantil y juvenil; mi hijo de doce años lo ha leído y le ha encantado, y yo no he podido resistir la tentación de leerlo también. Así que, si tenéis hijos de esa edad, podéis comenzar a echarlos a perder contagiándoles la pasión por la Segunda Guerra Mundial regalándoles este libro.

Pues ya tenéis lectura para lo que queda del verano.

Por mi parte, a cargar pilas. A la vuelta le daré la última pincelada a mi próximo libro que, si los dioses quieren, verá la luz en noviembre.

Hasta la vuelta de las vacaciones y, como siempre, no olviden supervitaminarse y mineralizarse.

sábado, julio 29, 2017

MI VISITA AL PARQUE TEMÁTICO DE DACHAU




Bien, amigos, ya estoy de vuelta de mi viaje a Múnich. En mi pasada visita en 2010 dejé pendiente el campo de concentración de Dachau, a fin de tener una excusa para volver, así que ahora ya he cubierto ese expediente.

Vamos allá con la crónica.

Visitar Dachau desde Múnich no tiene ninguna complicación. Desde el centro de la ciudad se toma la línea S2 dirección Petershausen y hay que bajar en la estación de Dachau. Tened presente que, para llegar hasta esa zona tarifaria, necesitaréis sacar un billete München XXL como éste, que cuesta 8,80 euros y sirve para viajar todo el día:


Una vez lleguéis a la estación, saliendo a mano izquierda veréis de inmediato la parada del autobús 726, en la que hay un cartel que indica claramente que va al campo de concentración, así que no tiene pérdida. El billete de metro es válido también para el autobús.

Después de un trayecto de unos diez minutos se llega a la parada del campo. Allí está el centro de atención al visitante, en el que se puede obtener este plano en español, pero no está a la vista sino que hay que pedirlo. En la librería está a la venta la guía del campo, por 18 euros, que incluye un CD. Está en alemán, inglés, francés, italiano y algún idioma más, pero no en español; les enviaré una queja.

Una vez pasado por el lavabo y puesto en situación, uno ya está dispuesto a comenzar la visita.

Tengo que pediros disculpas por la infame calidad de las fotos. Inexplicablemente, me olvidé la cámara buena en casa, pese a que la tenía preparada, así que tuve que apañarme con la compacta que siempre llevo por si las moscas, y la cámara del móvil.

Esta es la puerta de entrada.



No podía faltar la foto de la famosa reja de la entrada.



Aunque veáis poca gente en las fotos, ya que esperé a que aclarase o me aparté a alguna zona en la que no hubiera nadie, había una gran cantidad de visitantes. Podías encontrarte todo el tiempo con grupos organizados de turistas o de estudiantes tomando notas, además de los visitantes particulares.

No quiero parecer uno de esos elitistas que desprecian el turismo de masas, cuando ellos mismos son también turistas, y me parece muy bien que sean muchos los que se interesen de ese modo por la historia. Igualmente, me parece fantástico que lleven a los estudiantes a ver ese campo.

Pero las cosas son como son, y esa masificación va en detrimento de la experiencia personal al visitar Dachau y, por ejemplo, Auschwitz I (Auschwitz Birkenau es tan extenso que, por mucha gente que haya, siempre parece que estás solo), en el que también se da ese efecto que yo definiría de parque temático.

Así que nada que ver la visita a esos dos campos con la experiencia de visitar Buchenwald o Neuengamme, que están fuera de los circuitos turísticos. En ellos apenas te cruzas con algún otro visitante. Tienes la sensación de que hay muchas cosas que están casi como estaban entonces, e incluso -como en el caso de Buchenwald- se pueden explorar los alrededores para descubrir entre la maleza restos de construcciones. Para disfrutar de la experiencia de visitar un campo de concentración, tiene que hacerse de ese modo, no abriéndose paso entre grupos de turistas.

Una vez dentro de Dachau, hay que visitar el edificio principal, destinado a intendencia y administración. En él se encuentran las salas de exposiciones. No os puedo contar gran cosa porque pasé volando por las sucesivas salas, ya que estaban todas llenas de gente y guías turísticos y profesores dando explicaciones en voz alta.

Aun así, encontré este aviso de Prohibido fumar pintado en la pared.



También me acerqué a esta vitrina en la que había dos piezas de la famosa porcelana Allach, junto a un catálogo.



Mientras la gente se apiñaba en las salas del museo, la zona de las alambradas estaba inesperadamente solitaria, así que aproveché para hacer fotos, aquí tenéis un par.





Se puede apreciar el sistema de cercado del campo. De dentro hacia afuera había: una "zona de la muerte", una zanja, una alambrada, otra alambrada electrificada, una vía de servicio y un muro exterior.



Aquí tenéis una visión general del campo.




Hay que señalar que Dachau es un campo relativamente pequeño en comparación con otros, pero es porque sólo se visita la zona destinada a los prisioneros. Los campos nazis eran enormes complejos en los que ese recinto era la parte menor. Fuera se encontraban las casas de los oficiales, fábricas, la estación ferroviaria, los garajes, los cuarteles para el personal, etc.

En la foto de esta maqueta que se expone en el museo he señalado el recinto rectangular destinado a alojar a los prisioneros.



Todo lo demás es lo que he apuntado, ya veis que el complejo era enorme. Algunos de esos edificios del exterior del campo siguen en pie, pero en la actualidad son utilizados por la policía de Baviera, así que no se pueden visitar.

Aquí podéis ver uno de esos edificios de las SS, perfectamente conservado.



También, junto a la puerta de entrada al campo, se pueden ver restos de una vía y un andén.



Siguiendo con la visita al campo, se puede entrar en uno de los dos barracones reconstruidos. Allí se pueden ver las literas que ocupaban los internos.


Aquí, los lavabos.




Al final del recinto hay varias capillas de distintas confesiones, para recordar a los religiosos que estuvieron allí confinados, incluyendo un convento de los carmelitas.

Pero lo que me llamó más la atención es esta capilla ortodoxa rusa, emplazada fuera del recinto del campo.




También fuera del recinto se encuentra el antiguo crematorio.



Y éste es el edificio del nuevo crematorio.




Aquí se pueden ver cámaras de desinfección de ropa.




Y aquí podéis ver la cámara de gas.




Tengo que deciros que he buscado la información existente sobre ella y no he llegado a ninguna conclusión. En el panel informativo aclara que esa cámara no se utilizó para asesinatos masivos, así que se supone que fue experimental, o se empleó para asesinatos selectivos.

Estos son los hornos crematorios.




Una sala que hacía la función de depósito de cadáveres.


En ella se encuentra esta placa.



A unos 50 metros de este edificio se encuentran las fosas comunes en donde se arrojaban la cenizas.



También se puede ver el lugar en donde los prisioneros eran ejecutados.




Después de ver esto, regresé a la entrada del campo y de ahí fui a ver el último edificio que me quedaba por ver, el "búnker" o prisión del campo. De forma rectangular alargada, tenía celdas a los lados.



Aquí las podéis ver.




En esta celda estuvo preso Georg Elser, el autor del atentado contra Hitler en la cervecería de Múnich, en 1939.


Fue ejecutado aquí en Dachau, sólo un mes antes de que acabase la guerra.

Antes de irme, hice alguna foto más a la emblemática reja que, por cierto, es una réplica de la original.


Pues esto es todo. Después de la visita me quedé a comer en el restaurante del centro de visitantes; es una buena opción si no queréis regresar de inmediato a Múnich.

En resumidas cuentas, si viajáis a Múnich, Dachau es una visita obligada, pero que no merece la pena ir expresamente para verlo.

Si ya habéis estado en Dachau, espero vuestras opiniones.